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Redacción Central, Corresponsales y AgenciasCelso Mendoza sólo pide atención médica para sus hijos y trabajo para él, porque ya tiene carpa... desde 2006. Este damnificado de Yapacaní sigue esperando la ayuda de las autoridades y hay muchos que corren riesgo de pasar por lo mismo, si es que no se acelera la entrega de vituallas.
Celso tiene seis hijos y con ellos vive, desde hace dos años, en una carpa que le donó la Prefectura. “Mis hijos sufren diarrea, hongos en los pies y dengue. No puedo construir aquí porque el terreno es inseguro, está a sólo cinco metros de la orilla del río Yapacaní”. Uno de sus vástagos fue hospitalizado hace poco, con afecciones pulmonares.
No tan dramática, pero sí preocupante es la situación de los afectados por las lluvias y riadas en todo el país, porque la ayuda tarda en llegar, o en algunos casos ni siquiera ha salido de los lugares de acopio. Una semana después de que el presidente Evo Morales declaró estado de emergencia, todavía no se ha destinado ninguna partida presupuestaria a las regiones.
Hasta ahora se logró evacuar poblaciones anegadas, como en el trópico cochabambino, y el reparto de algunos de los alimentos donados por entidades privadas.
La llegada de los helicópteros y de más alimentos de la ayuda extranjera puede acelerar el apoyo a las víctimas, además de la conclusión del balance que las autoridades locales precisan para destinar los fondos y las raciones.
La jornada de ayer estuvo también marcada por el descubrimiento de dos cadáveres, uno en Santa Cruz y el otro en La Paz.
El primero corresponde a Victoriano Calisaya Cadenas (48 años), que era uno de los pasajeros del bus de la línea Latino, que se dirigía al Beni la tarde del domingo, cuando el vehículo fue arrastrado por el agua que pasaba, según los testigos, unos 30 centímetros sobre la carretera, apenas un kilómetro antes de Yotaú, pueblo distante 40 kilómetros de Ascensión de Guarayos

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